Lyon, la gran desconocida.

Cuando escogí esta ciudad como primera opción dentro de mis posibles destinos Erasmus lo hice a ciegas y confiando en que el lugar que vio crecer a los hermanos fundadores del cine me trajera cosas buenas.

Lyon no era una ciudad de confianza para ninguno de los que veníamos y tampoco para ninguno de los que nos veían partir. Así como muchos prometían visitas a ciudades como París, Roma o Rotterdam, pocos eran los que esperaban pasar unos días en la segunda ciudad más grande de Francia, total “¿Qué habrá ahí?”.

La sorpresa se produce al poco tiempo de llegar a esta bella ciudad y va creciendo a medida que se descubren sus pequeños rincones. El encanto de Lyon se hace patente desde el primer momento. Bueno, si obviamos la llegada a la estación de Part Dieu que no es precisamente una maravilla.

Dividida por dos ríos (Rhône y Saône), Lyon tiene las características de la típica ciudad Europea con puentes y casas de tonos grisáceos. Sin embargo, su extensión es capaz de mostrarnos espacios muy diversos: desde caminos interminables alrededor de los ríos, lo que aquí se conoce como quais, hasta una subida interminable de cuestas para poder llegar a las zonas altas de las diversas colinas que configuran la estructura de este lugar.

Pero yendo más allá de la belleza de la ciudad, se pueden descubrir cientos de cosas que hacer cada uno de los días de tu estancia Erasmus. Lyon derrocha cultura por cada una de sus esquinas y no es demasiado extraño encontrarte con un grupo tocando en alguna plaza escondida, un espectáculo de danza frente al Hôtel de Ville o un mercadillo de antigüedades en la puerta de tu casa. Para los más dicharacheros, Lyon está a reventar de bares y discotecas (con horario diferente al español, eso sí) para pasar buenos ratos. Puedes encontrar ambiente festivo de lunes a domingo, non stop.

Si seguimos añadiendo, solo con llegar descubres una ruptura del tópico del francés estirado y repelente. No todos los franceses van por la calle con una baguette bajo el brazo, fuman pipa y llevan boina. Y sobre todo, no te miran por encima del hombro. En Lyon la gente se muestra agradable desde el primer momento y no tienen ningún reparo en ayudarte si así lo necesitas. Así que no hay que tener ningún miedo de acercarse a los lyoneses y aprender de la vida de esta ciudad gracias a ellos. (A pesar de que alguna vez al decir “je suis espagnol” puedas ver alguna mueca).

Y por último, pero no menos importante, no se puede olvidar que Lyon es la capital gastronómica de Francia. Vamos, que si quieres (y puedes permitírtelo) comerás como un rey o reina en alguno de los muchos (restaurantes típicos de esta ciudad) que encontrarás por estas tierras.

Como se puede ver estoy encantado con Lyon, cada día más. Hace un mes que llegué aquí y no ha habido día que haya dejado de sorprenderme. Los inicios son difíciles, pero claro, con una ciudad así es difícil no pensar en vivirla cada día más (¡y mejor!). Así que no hay dudas, Francia existe más allá de París y el Erasmus se vive más allá de las capitales. Si te preguntan “¿Qué vas a hacer en Lyon?” solo contesta “Si quieres saberlo, ven a verme”.

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