La vida, desde una casa flotante en los canales de Amsterdam

Foto: Mel Toledo (Flickr)

Si por algo es conocida Amsterdam en todo el mundo, además de por el Barrio Rojo y los Coffee Shops, es por sus canales. En total, la capital holandesa cuenta con más de 100 kilómetros. Así, el Canal de los Señores (Herengracht) o el del Emperador (Keizersgracht) funcionan como vías principales, creando un trazado concéntrico alrededor del núcleo histórico de la ciudad.

Pero en los canales de la ciudad holandesa, además de los 1500 puentes que existen para poder cruzarlos, hay más de 2500 “casas flotantes”. Algunos ciudadanos, en vez de vivir en casas convencionales, han decido vivir sobre el agua. Esta curiosa forma de alojarse, que surgió tras la Segunda Guerra Mundial debido a la escasez de viviendas, terminó por hacerse más y más común cuando cientos de barcos cargueros quedaron disponibles para poder ser utilizados como vivienda.

Foto: Paulinha KV (Flickr)

Así, desde la década de los setenta, las “casas-barco” se han convertido en uno más de los reclamos de los canales de Holanda. De hecho, muchos de los canales de Amsterdam y de otras ciudades holandesas (sobre todo los más anchos), están especialmente preparados para que este tipo de barcos se puedan amarrar a ellos. No solo están divididos y numerados en parcelas, sino que cuentan con tomas de electricidad, gas y agua para cada “vecino”.

Foto: Luciano Guelfi (Flickr)

¿Qué pensabas? Una “casa flotante” dispone de las mismas instalaciones que una casa normal: sala de estar, cocina, habitación, baño y, casi siempre, también una terraza en la cubierta. Además, normalmente se puede aparcar el coche en la calle que bordea el canal y cruzar a pie la escalerilla hasta la puerta de la “vivienda”. Muchos barcos cuentan también con un recibidor para aparcar las bicicletas y sacar la basura.

En un primer momento, los habitantes de este tipo de “casas de los canales” eran los hippies. Pero ahora, con los canales de Amsterdam completamente saturados, es un lujo al alcance de solo unos pocos. Además de los gastos de mantenimiento, los propietarios deben pagar una tasa por el estacionamiento del barco, unos impuestos especiales al ayuntamiento de la ciudad, y un seguro bastante más caro que el de una casa normal.

¿Quieres experimentar cómo se vive sobre el agua? Ya no quedan amarres libres donde instalarse, pero siempre hay quien compra un barco ya establecido. Si vienes de viaje a Amsterdam y te apetece probar una experiencia diferente, en internet es fácil encontrar “casas flotantes” que se alquilan por unos días. No pienses que tiene porqué salirte caro: las hay desde 40 euros la noche. Eso sí, tiene que ser raro despertarse cada mañana con el sonido de los barcos y cruceros que pasan junto a tu ventana.

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